Para introducirnos en materia debemos conocer primero qué es el esquí, u originalmente escrito ski que proviene del francés, es un deporte de montaña que consiste en deslizarse por la nieve con una o dos tablas sujetas a los pies.
Su inicio es confuso y ligado a varias polémicas, pero podemos situarlo entre los años 8.000 y 6.000 a.C. en Siberia; aunque los restos físicos más antiguos se han encontrado en Rusia. En estas piezas tan antiguas se distinguen grabados de animales que solían usarse como frenos debido a su relieve.
Dependiendo del lugar donde te desplaces distinguimos varios tipos:
- Esquí de fondo: es una modalidad de esquí que consiste en recorrer largas distancias en terrenos llanos u ondulados. Esto proviene de las raquetas, que aumentan la superficie del pie para evitar hundirse; y este además ayuda con el deslizamiento. Usualmente se siguen unos carriles para facilitar su práctica.
- Esquí de travesía: su objetivo es subir la pendiente sin ayuda de los remontes de las estaciones de esquí, para ello utilizan las llamadas pieles de foca, situadas en la parte inferior del esquí y que impiden que se deslice a favor de la pendiente. En este tipo y el anterior, la fijación (que posteriormente veremos) se levanta del talón para facilitar la función de andar.
- Esquí en pista: es la forma más habitual de realizar este deporte. Se lleva a cabo gracias a las estaciones creadas para ello, con telesillas, telecabinas, "perchas" o "alfombras" que te suben hasta los puntos más altos y consiste en descender al punto donde puedas volver a montarte en cualquiera de ellos, así continuamente. Una variante es el snowboard, en la que en vez de llevar una tabla en cada pie, solo dispones de una, donde colocas ambos pies.





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